Valeria Reyes Soto

Crónicas

He escrito siempre desde las tripas, como algo visceral. No me recuerdo sin escribir. El ejercicio más íntimo y salvaje, donde encuentro la libertad pero también me asomo al abismo. Con ese entusiasmo secreto escribí un pregón de Semana Santa con 12 años. En un delirio casi místico, escribí esta crónica de Patricia Guerrero y Alfonso Losa para el Diario de Jerez, en el marco del Festival de Jerez 2024.

Talento infinito, talento eterno

De pequeña me emocionaba escuchando a José Mercé. Al amanecer se le llama aurora, mi corazón se enamora, que se enamora. Descubrí el flamenco con Joaquín Grilo. Escuché a un costalero del Desamparo, la Virgen del Prendimiento, cantar una bulería debajo del paso. Mi amiga Amalia fue testigo. Lo grabé pero desapareció, y no pasa nada. Todo lo que importa se queda dentro. Como este espectáculo de Rocío Márquez y Bronquio. “El pez parece reencarnarse en un colibrí”. 

Rocío Márquez y Bronquio: el flamenco del futuro está aquí

 

La literatura me ha llevado por caminos mágicos. Panza de burro, de Andrea Abreu. Juan Belmonte, matador de toros, de Chaves Nogales. Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. Nada, de Carmen Laforet. Leer y escuchar a Leila Guerriero. Estos caminos mágicos se manifiestan con especial nitidez cuando trazo conexiones entre las distintas artes. El espectáculo de David Coria, Los bailes robados, fue como ver a través del cuerpo el libro de Hamnet, de Maggie O’Farrell. 

La ceremonia mágica de David Coria

 

OTROS PROYECTOS

Sólo cartas de amor a